Cultura Profética llega a la Argentina con En Bucle, su último álbum de estudio, que guarda una íntima relación con La Dulzura, disco que le dio un salto a la masividad en el país y que delineó una forma diferente de hacer música para la banda puertorriqueña. El romanticismo siempre fue parte de su ser, pero durante sus primeros años la música servía como herramienta de transformación del mundo desde Puerto Rico, un país con tradición colonial asociada a EEUU, que actualmente tiene el estatus de Estado Libre Asociado.
La historia de Cultura Profética con la Argentina llega desde los primeros covers de la propia banda. Willy Rodríguez reconoce la importancia de Los Fabulosos Cadillacs en Latinoamérica, así como de Los Pericos, dos bandas que los inspiraban en los primeros años incipientes aún del grupo.
La relación más estrecha llega de la mano de Los Cafres, grupo que escucharon por primera vez luego de grabar Canción de Alerta, su primer álbum, en Jamaica, cuna del reggae. "Nos regalaron dos discos de ellos, fue la única música que nos llevamos de Jamaica", aseguró Willy en diálogo con Filo.news.
"Ahí fuimos entendiendo poco a poco la onda de ellos. Al principio no me entró, debo decirlo. Yo se lo he dicho a Guille”, recuerda entre risas.
Sin embargo, con el correr del tiempo dieron un giro y se enamoraron de las canciones de Los Cafres. Incluso, Guillermo Bonetto fue quien terminó modificando la manera de cantar de Willy. Muchos artistas de la escena cambiaban la cadencia de la voz, pero Bonetto le mostró otra posibilidad. “Fue el primero que yo escuché en Latinoamérica cantando reggae con una voz propia, cantante real. Escucharlo a él me hizo escucharme y analizarme y decir: ‘Uf, yo no quiero cantar así, yo quiero buscar cuál es mi voz, de verdad’”.
La diferencia en la cadencia de la voz de Willy quedó registrada en Canción de Alerta (1998) e Ideas Nuevas (1999). La influencia llegó, incluso, a mejorar la forma de escribir. Willy recuerda que sus estribillos no eran tan contundentes, algo que hizo que se lo replantee Bonetto: "¿Dónde está el estribillo de la canción?", le repetía.
"Le debo mucho a Guillermo Bonetto y a Los Cafres en general", asegura Willy.
En diálogo con Filo.news, Willy Rodríguez habla de la inesperada influencia argentina en la historia de Cultura Profética, de los años en los que sentían que utilizaban la música como herramienta de cambio, con un mensaje político, del prejuicio de una parte del público frente a sus canciones de amor y de un nuevo álbum que, sin haberlo buscado, cerró un círculo.
—Hay una relación muy fuerte de Cultura Profética con Argentina. ¿Qué lugar tuvieron las bandas argentinas cuando ustedes empezaban?
—Los Fabulosos Cadillacs... Esto es bien curioso. Antes de Cultura Profética yo tocaba el bajo y Omar Silva tocaba guitarra en una banda que teníamos que se llamaba The Scattered. El único concierto real que nosotros tocamos fue abriendo el primer show de los Cadillac en Puerto Rico, en el 94.
—¿Cómo fue el show?
—Fueron como 200 personas nada más. Los Cadillac para nosotros ya eran gigantes, pero ese show no se dio muy bien. Después vinieron y fue gigante, pero en ese momento, que fue la primera vez, aparte llovió un montón. Fue una gran fiesta, pero éramos muy pocas personas. Nosotros abrimos ese show y fue súper lindo, histórico para nosotros.
—¿Ya escuchabas música argentina en ese momento?
—De los Cadillac tocábamos mucha música. Me acuerdo de estar en la escuela, octavo, noveno grado, bailando full con los Cadillac antes de conocer Los Cafres. Cuando empezó Cultura Profética, nosotros no sabíamos que existían bandas literalmente de reggae en español. Sí escuchamos Los Pericos y en los primeros meses montamos algún tema de ellos, pero no sabíamos que existían Los Cafres o Gondwana en Chile.
No fue hasta que nos fuimos a grabar, después de dos años, a Jamaica. Un amigo nos regaló varios discos de Los Cafres y esa fue la única música que nos llevamos a Jamaica cuando fuimos a grabar el primer disco.
—Qué increíble que en Jamaica te hayan dado discos de Los Cafres, qué linda la representación argentina en todos lados.
—Eran dos discos, Instinto y Frecuencia Cafre, creo. Al principio como que no me entró, debo decirlo. Yo se lo he dicho a Guille. Al principio no me entró y después me enamoró, así de que me encanta. Y debo decir que me influyó bastante hasta en buscar mi voz.
—¿Cómo que te influyó en buscar la voz? ¿Cómo es eso?
—Para ese tiempo estaba Café Tacvba y mucha gente que cambiaba su tono de voz para cantar. Era algo bien de los 80's, 90's, que tú buscaras cambiar un poco tu voz cuando cantabas música alternativa. Guille fue el primero que yo escuché en Latinoamérica cantando reggae con una voz propia, cantante real. Escucharlo a él me hizo escucharme y analizarme y decir: “Uf, yo no quiero cantar así, yo quiero buscar cuál es mi voz, de verdad”. Si tú escuchas del primero al segundo disco, hay una diferencia gigante y es gracias a él. Entendí que él estaba usando su voz y esa fue la mayor influencia de Los Cafres en nosotros, porque musicalmente somos bastante diferentes.
—Puede ser que haya algo de Los Cafres en la última parte de Cultura Profética, pero es verdad que no son tan parecidos musicalmente.
Ellos siempre han hecho temas muy pegajosos desde el principio, nosotros no. Hacíamos canciones súper experimentales y el mismo Guille fue el que me dijo: “¿Dónde está el estribillo?”. Y yo: “No sé”. Nosotros no utilizábamos demasiado el estribillo. Y muy bien, porque de eso se trata la música. Tienes que encontrar un lugar donde volver siempre. Él me hizo también analizar eso y escribir cada vez de manera más contundente. Le debo mucho a Guillermo Bonetto y a Los Cafres en general.
De querer cambiar el mundo a cantar sobre el amor
—Cultura Profética nació como una banda que tenía mucho para decir a nivel político y cultural. Hoy hay otra presencia del amor. ¿Qué necesitaban decir entonces que quizá ya no sienten necesario decir ahora?
Éramos jóvenes y tú sabes que cuando uno está como en ese despertar de la juventud quieres cambiarlo todo. Con la música como herramienta, nosotros soñamos en cambiar el mundo y creo que sí lo hicimos en lo que pudimos.
Hay varias generaciones que se han criado con las letras que dejamos ahí para siempre y que nos han venido a decir: “Mira, gracias a ustedes yo exploré toda mi identidad o ideas que jamás hubiese pensado”.
—La música tiene algo de esto de enseñar. A nivel cultural, muchos exploran historia y política por música que escuchan. Ayuda a reflexionar.
—Por medio de la música creo que acompañamos a personas en su camino de entender la vida de alguna manera diferente. Siento que en aquel entonces, sin medios sociales y sin estos temas en la música popular, sí era importante decir todo esto. Especialmente en Puerto Rico, que vivimos como en una cápsula pequeñita. Había muchas cosas que decir.
—¿Y qué cambió?
—Hoy, con todo el boom de los medios sociales y tanto activismo por todos lados, no recae ya sobre la música la responsabilidad de llevar esto. Definitivamente en aquel momento sí. Aparte estábamos influenciados por música que escuchábamos en ese entonces. Yo me crié cantando Silvio Rodríguez y me identificaba con toda esa idea de llevar la voz por medio de la música. Pero siento que hoy no hace falta. Hay activismo por todos lados y todos los días nos levantamos con noticias de aquí al otro lado del mundo instantáneamente.
—El amor también estaba ahí desde antes...
—Siempre fui un enamorado. Recuerdo siempre a mi mamá diciéndome: “Ay, pero ¿por qué tú cantas sobre estas cosas?”. Siempre me ponía a dudar porque ya me conocía y conocía mis inclinaciones. Yo le explicaba que se me hacía muy difícil cantar canciones de amor porque lo lindo es cómo tú hablas de estas cosas sin que suenen trilladas.
—¿Cuándo sentiste que encontraste esa forma?
Poco a poco vinieron temas como “De Antes”, “Un Deseo”, y fui explorando y sintiéndome cada vez más cómodo en encontrar una manera única o personal de abordar esos temas. Cuando llegó La Dulzura (2010) sentí que fue el mejor lugar para estar para mí. Energéticamente me sentí demasiado cómodo, completo. Creo que tomó mucho tiempo y madurez poder encontrar ese camino y esa seguridad para expresarte por ahí, aunque tu público ya esperara otra cosa de ti.
En Bucle: el regreso a la energía de La Dulzura, el lado A y B, la colaboración con Dread Mar-I y las notas de voz
—Cuando apareció En Bucle, mucha gente habló de una especie de La Dulzura 2.0. ¿Ustedes también lo sintieron?
—Es muy loco porque no siento que se hizo a propósito, el hecho de que tuviera la energía de La Dulzura. Pero ya cuando estábamos bastante cerca del final se sentía muy claro. Me acuerdo específicamente de un día que llegó un amigo al estudio, un domingo, y le enseñé todo el disco. Fue la primera vez en muchos meses que por fin escuché una canción detrás de otra sin estar trabajando. Ese día dije: “Okay, tengo un disco”. Y empezamos en broma con esto de que era casi como La Dulzura y, de momento, salió y todo el público empezó a decir lo mismo sin nosotros tener que decirlo. Fue muy loco porque todo el mundo lo sintió.
Hay gente incluso que es como: “Regresaron”. Y a veces uno como medio se molesta porque dice: “Oye, nunca nos fuimos”. Seguíamos acá. Sacamos Sobrevolando (2019), que ganó el Grammy Latino, varios sencillos desde La Dulzura para acá, muchos viajes, muchos proyectos, colaboraciones. No nos fuimos.
—Pero entendés de dónde viene esa sensación... en Argentina, La Dulzura fue una explosión. Sonaba en todos lados
—Puedo entenderlo y tomarlo bien. Siento que, como dice por ejemplo la canción “Caracoles”, al fin volví a esa energía linda que tanto fue como mi lugar más natural.
—El disco está dividido en un lado A y un lado B. Cuando lo escuchaba sentía que al principio aparece el enamoramiento y después empiezan a asomar las dudas, las peleas y cierra con "Ya volveré" que promete bastante. ¿Lo pensaron como un recorrido?
—Es como yo quise acomodarlo en lado A y lado B, como se hacía antes con los discos. Comúnmente eso se usaba más para acomodar todos los temas que eran como más pegajosos en el lado A, y en el lado B, los “side B”, los temas que son maybe más queridos por ti, que no necesariamente crees que la gente los va a abrazar igual.
El lado A, que es el lado del enamoramiento y toda la cosa, empezando por “Déjame Entrar” en ese punto de partida.
—¿El lado B sería entonces el momento en el que esa relación empieza a romperse?
—No digamos que es como peleas y desamores, porque también el lado B empieza con “Malena”. No hay una historia específica, son varias historias diferentes. “Malena” es como de algo que no se dio y estás como en la duda. O “Dame Luz”, que es cuando estás medio perdido en la relación, no sabes qué está pasando realmente.
—Y después aparece “Mal Herido”, donde esa ruptura ya es mucho más evidente.
—Exacto, “Mal Herido” ya es como...
—Ahí también hay una conexión argentina porque aparece Mariano, de Dread Mar I. ¿Cómo nació esa colaboración?
—Y no solo es con Mariano. Ese tema terminó siendo con Mariano porque gran parte de la canción la compuso su tecladista y director de banda, Mati Zapata. Yo lo escuché a él cantando una versión en Instagram y le escribí inmediatamente: “Hermano, ¿tú tienes un plan con esta canción? ¿Qué hay? A mí me identificó demasiado, me encantaría poder grabarla”.
—¿La canción ya estaba terminada en ese momento?
—Él tenía como la estrofa y el coro y ahí terminaba la idea. Ya era una canción, pero obviamente para hacerla completa hicimos otra estrofa, un puente. Yo lo que hice fue basarme en eso mismo para seguir añadiendo a la historia.
—Me gustó mucho que el disco tenga las notas de voz. Hay una especialmente íntima, que parece una nota de voz que alguien realmente acaba de mandar. "Quería decirte cositas"...
—Me gustó no poner quiénes son para dejar eso ahí como a la imaginación. Esa específicamente sentí que quizás podía chocarle a nuestro público muy de culto. Pero me gusta. Es pícaro, es muy real lo que pasa entre la gente que se conoce y comparte, esa es la confianza que hay. Yo quería jugar con esa idea de que los temas sean íntimos.
—Después de 30 años siguen probando sonidos nuevos
—“Flaca” es un afrobeat y es algo que queríamos hacer hace rato. Incluso hay otros dos afrobeat que no quedaron en el disco. Son instrumentales que quedaron ahí como ideas que posiblemente vengan para el próximo. Incluso estuvimos coqueteando con la cumbia también.
La banda puertorriqueña vuelve a la Argentina el próximo viernes 18 de septiembre en el Arena de Villa Crespo y continúa su gira el 19 de septiembre de 2026 en Quality Espacio de Córdoba.