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Más que un show, una declaración política: Bad Bunny hizo historia en el Super Bowl

Su presentación fue mucho más que un espectáculo musical y se convirtió en una declaración política, identitaria y cultural frente a millones de espectadores alrededor del mundo. Donald Trump enfureció.

Más que un show, una declaración política: Bad Bunny hizo historia en el Super Bowl

La 60° edición del Super Bowl no solo fue una celebración de las seis décadas del evento deportivo más visto, sino que también marcó un punto de inflexión cultural, en medio de una crisis política por la embestida del presidente Donald Trump contra los extranjeros. El puertorriqueño Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino en cantar mayormente en español durante un show de medio tiempo, después de también ser el primer latino en ganar un Grammy. Su presentación fue mucho más que un espectáculo musical y se convirtió en una declaración política, identitaria y cultural frente a millones de espectadores alrededor del mundo.

La expectativa alrededor del artista puertorriqueño no estaba puesta únicamente en el despliegue escénico o en la lista de hits, sino en lo que Benito Martínez Ocasio podía decir desde uno de los escenarios más influyentes de la industria cultural global.

Tal es así, que el puertorriqueño estuvo acompañado por músicos como Ricky Martin y Lady Gaga, quienes cantaron junto a él durante el espectáculo, mientras que también estuvieron presentes Rosalía, Karol G, Cardi B, Residente, Young Miko, los actores Jessica Alba y Pedro Pascal, así como también el empresario David Grutman.

La presentación comenzó con “Tití me preguntó”, con Bad Bunny vestido completamente de blanco y recorriendo una imponente estructura montada en el campo de juego que simulaba ser Puerto Rico, colmado de cañas de azúcar, que fueron el pilar económico y social de la isla. Desde ese primer instante, la propuesta dejó en claro que no sería un espectáculo neutral.

El repertorio funcionó como un recorrido por su universo musical y por la cultura latina. Temas como “Yo perreo sola”, del que participaron como parte del set figuras latinas y globales como Karol G, Cardi B, Pedro Pascal y Jessica Alba que reforzaron la idea de comunidad cultural arriba del escenario. También repasó "EoO", "Mónaco" y “Voy a llevarte para P.R.”, que consolidaron un setlist que combinó fiesta, identidad y mensaje social.

Uno de los momentos más celebrados llegó con el popurrí dedicado a la música puertorriqueña, donde sonó “Gasolina” y "Dale Don", clásicos de Daddy Yankee y Don Omar, respectivamente, que ayudaron a instalar el reggaetón en el mapa global. Allí, Bad Bunny interrumpió brevemente la música y dijo: "Están escuchando música de Puerto Rico", más adelante añadió "mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocascio y si hoy estoy aquí en el Super Bowl 60° es porque nunca nunca dejé de creer en mí; tú también deber tú también deberías de creer en ti".

La primera invitada de la noche fue Lady Gaga, quien sorprendió con una interpretación en clave salsa de “Die With Smile”, mientras que Ricky Martin subió al escenario para cantar “Lo que le pasó a Hawaii”, una de las canciones más políticas de "DeBÍ TiRAR MáS FOToS", el último álbum del puertorriqueño. La elección de esta canción no fue casual, ya que la performance funcionó como una reivindicación cultural y territorial, atravesada por el debate sobre la identidad puertorriqueña y la intención de no convertirse en el próximo Hawái de Estados Unidos.

Luego llegaron “Baile inolvidable” y “NUEVAYoL”, donde el cantante protagonizó uno de los momentos más emotivos del show al entregarle un Grammy en un gesto simbólico que representa compartirle el premio a su yo infantil. Tras el show circularon rumores falsos que aseguraban que se trataba de Liam Conejo Ramos, un menor de cinco años detenido por ICE. 

El cierre del show llegó con la canción que le da nombre a su último disco, Debí tirar más fotos, en la previa, el artista comenzó a nombrar países de América Latina comenzando desde Chile, pasando por Guyanas y Antillas, y cerrando con Canadá y Puerto Rico, rodeado de bailarines que levantaban banderas de toda la región. La imagen funcionó como un gesto de pertenencia colectiva y de visibilización cultural en el escenario televisivo más masivo del mundo.

La presentación de Bad Bunny llegó en medio de su enfrentamiento público con Donald Trump, a quien criticó reiteradamente por sus políticas migratorias y el accionar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

El artista ya había manifestado su postura durante la última ceremonia de los premios Grammy, donde expresó: “No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos”

Al cierre del show, el mandatario apuntó duramente contra el artista y la NFL: "El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven desde todo Estados Unidos y el mundo".

Vale destacar que es la primera vez que un presidente estadounidense no asiste al espectáculo deportivo. Trump declaró que no conocía al músico y calificó su elección como “ridícula”. 

El Super Bowl históricamente funcionó como un termómetro del poder cultural estadounidense. La presencia de Bad Bunny no solo amplió ese mapa, también evidenció el peso global de la música latina y su capacidad para instalar discusiones sociales dentro de la industria del entretenimiento.

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