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El corazón que lo hizo campeón: Klan y la perseverancia de nueve Nacionales

Entre la vieja escuela y los nuevos nombres, construyó una carrera marcada por la perseverancia, el aprendizaje y una necesidad que todavía sigue intacta: improvisar.

El corazón que lo hizo campeón: Klan y la perseverancia de nueve Nacionales

Después de más de una década de batallas, un campeonato nacional y nueve participaciones en la Final Nacional de Red Bull, Klan volvió a encontrarse con el lugar que alguna vez creyó haber dejado atrás. Una terapia marcada por los ritmos de la improvisación. 

Hay carreras que se construyen con títulos. Otras, con derrotas, regresos y la capacidad de volver a empezar. La de Klan tiene un poco de todo. Nueve Finales Nacionales de Red Bull, un campeonato argentino, años de batallas y una generación entera que creció mirándolo improvisar. Pero quizás lo más importante de su recorrido no esté en una medalla, sino en la posibilidad de seguir estando ahí cuando el escenario cambió, los rivales cambiaron y hasta él mismo cambió.

Para Klan, el freestyle nunca terminó de ser una profesión. Incluso cuando decidió correrse del circuito para concentrarse en su carrera musical, la improvisación encontró la manera de volver a buscarlo. Primero fueron participaciones en eventos solidarios. Después, casi sin darse cuenta, estaba otra vez dentro del juego. “Me di cuenta de que lo estaba haciendo porque me hace bien. Porque parte de mí lo necesita”, dijo. Y así, por una puerta que parecía de salida, terminó entrando nuevamente al laberinto.

Su historia también es la de alguien que aprendió a convivir con todas las caras de una competencia. Sabe lo que significa quedar afuera en octavos, caer en cuartos, perder una semifinal, llegar a una final, perderla y también ganarla. Por eso hoy no se define como “el rostro de la vieja escuela”, sino como alguien experimentado. Esa diferencia importa: Klan no mira a las nuevas generaciones desde afuera, sino que se mete en ellas, las estudia y aprende de lo que tienen para ofrecer.

Porque el freestyle que encuentra hoy no es exactamente el que lo vio nacer. Los nuevos MCs desarrollaron el contenido, las métricas y la construcción de las ideas de una manera diferente. Klan lo reconoce y, lejos de resistirse, busca convertirse en un híbrido. Mantener el punch y la efectividad de la generación de la que viene, pero incorporar las herramientas que aparecieron con el tiempo. En ese proceso aparecen nombres como Mecha y Exe, rivales que asegura que lo obligan a permanecer despierto y que representan ese punto de encuentro entre distintas épocas de la escena.

Hay, incluso, una batalla que funciona como recordatorio. En Córdoba, después de haber sido campeón y de haberse tomado un año lejos de la competencia tras ocho temporadas consecutivas, Klan se cruzó con Jesse Pungaz y quedó eliminado en primera ronda. Aquella derrota le hizo un clic. Había vuelto con la idea de ver qué pasaba, de descubrir con qué se encontraba después de tanto tiempo. Pero el freestyle no espera. La experiencia no alcanza si no está acompañada por hambre y seguridad. Klan entendió que no podía bajar la guardia.

Quizás por eso su regreso tiene una particularidad: ya no compite para demostrar que puede ser campeón. Esa medalla existe y está en su casa, incluso frente a sus ojos mientras hablaba por telefono conmigo. Lo que busca ahora es otra cosa. “Tengo ganas de seguir disfrutando lo que tenga para darme”, explica. El freestyle se convirtió en una especie de terapia: un espacio donde puede olvidarse por un rato de las responsabilidades, de la música, de ser padre de dos hijos, de los días más pesados. Un lugar donde solamente importa lo que sucede en tiempo real.

Y en esa búsqueda aparece también una deuda artística. Klan siente que aquella Red Bull que ganó la construyó principalmente con el corazón, sin mostrar todo lo que podía hacer. Ahora quiere que se vea un poco más de ese universo que quienes lo conocen en un cypher ya saben que existe. Flows, métricas, musicalidad, juegos y recursos que fueron apareciendo durante años de evolución. Si alguna vez soñó con llevar la magia de un cypher a una batalla importante, hoy siente que está preparado para intentarlo.

Ese aprendizaje también lo llevó a reconciliar dos partes de sí mismo que durante años mantuvo separadas: el Klan freestyler y el Klan artista. Mientras trabaja desde hace un año y medio en su próximo álbum, descubrió que podía llevar la improvisación a sus canciones. Empezó a componer los flows como lo haría en un cypher y después construir desde lo que los beats le provocaban. La brecha entre ambos mundos, que durante mucho tiempo había existido, comenzó a achicarse. Su segundo disco, cuyo nombre todavía mantiene en secreto, saldrá oficialmente el 22 de octubre y tendrá mucho de ese Klan que volvió a encontrarse con el ahora, con el freestyle.

Pero si hay una palabra que resume todo el recorrido, es perseverancia. La misma que eligió para acompañar la fotografía de aquel campeonato: “Persevera y triunfarás”. Nueve Finales Nacionales después, la frase dejó de ser solamente un lema para convertirse en una forma de entender la carrera. Porque Klan no llegó hasta acá por haber ganado siempre. Llegó porque siguió después de perder, porque volvió después de irse y porque encontró nuevas razones para quedarse.

Por eso su lugar dentro de la escena excede las etiquetas de vieja o nueva escuela. Klan funciona como un puente. Es parte de una generación que construyó el freestyle cuando todavía había mucho por inventar, pero también es un competidor capaz de enfrentarse a quienes crecieron con otras herramientas y reconocer en ellos algo de lo que todavía puede aprender. Su vigencia no está en negar el paso del tiempo, sino en convertirlo en experiencia.

A los 32 años, con una familia, una carrera musical y un álbum en camino, todavía hay algo que lo empuja hacia el escenario. No sabe exactamente qué le devolverá el freestyle, ni parece necesitar saberlo, quiza es la calma de quien espera sabíendo que vuelve a coronarse pero si le preguntás lo explica muy claro: si vuelve a salir campeón, será un impulso para su nombre, su ánimo y su música. Si llega la posibilidad de representar nuevamente a Argentina, habrá cuentas pendientes con la Red Bull Internacional. Pero ninguna de esas posibilidades pesa sobre sus hombros. Le importan, sí. No lo condicionan.

Nueve Finales Nacionales después, Klan sigue entrando al escenario con algo que no se puede enseñar: las ganas de ver qué pasa cuando suena el beat. Quizás esa sea su verdadera vigencia. Haber atravesado generaciones sin dejar de pertenecer a ninguna. Haber visto nacer, crecer y transformarse una escena y todavía encontrar un lugar dentro de ella. Haber sido campeón y seguir teniendo hambre. Porque después de tantos años, tantas batallas y tantos nombres, Klan todavía tiene algo por decir. Y, sobre todo, todavía tiene ganas de improvisarlo.

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