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La UFC 327 desde adentro: Ulberg, el nuevo campeón ante los ojos de Trump y dos argentinos a la lona

El neozelandés se lesionó la pierna en plena pelea pero sorprendió al favorito Jiri Prochazka con un zurdazo y se quedó con el título mundial semipesado. Los argentinos Francisco Prado y Esteban Ribovics cayeron en dos durísimos combates. Así se vive una noche de UFC.

La UFC 327 desde adentro: Ulberg, el nuevo campeón ante los ojos de Trump y dos argentinos a la lona

Las Artes Marciales Mixtas (MMA) no dejan a nadie afuera, ni a los amantes de este brutal deporte de contacto, ni a los que lo van a ver por primera vez. Hay show asegurado para todos. Porque la experiencia de la UFC es completa. Y para vivirla.

Bienvenidos, entonces, a la velada 327 de la liga más importante de las MMA que se vivió este sábado en Miami, y fue televisada por Paramount+ para Argentina y Latinoamérica. El Kaseya Center, la casa de los Heats de la NBA, se transformó en el escenario de una noche de peleas vibrantes, en la que Carlos Ulberg se coronó como el nuevo rey de los semipesados. A poco más de un minuto para el final del primer round, el neozelandés, con una pierna visiblemente lesionada durante el combate, sacó un zurdazo inesperado que tiró a la lona al checo Jiri Prochazka, que llegaba como el favorito y más querido por el público, y completó su trabajo con una seguidilla de piñas sin respuestas para adueñarse del cinturón dorado.

El combo es entero en una noche de UFC. Cuesta ver en cualquiera de las tribunas del estadio a algún fanático que no tenga comida y bebida en mano (los panchos y las hamburguesas van desde los 14 a los 22 dólares, y las cervezas están 19), o luzca alguna de las remeras o la bonita chaqueta oficial del evento después de haber pasado por el store de merchandising (a excepción de los llaveros e imanes, la mayoría de los artículos parte desde los 40 dólares). Pero al igual que como consume, el público también exige. Y cuanta más sangre, mejor.

Así como los espectadores saltaron de la butaca desde el minuto cero con la catarata de golpes que se repartieron de principio a fin en el triunfo del local Josh Hokit ante Curtis Blaydes, en la que el mismísimo presidente estadounidense Donald Trump -presente desde el inicio de los combates principales- se paró para aplaudir, también le hicieron sentir al oriundo de casa Dominick Reyes y al brasileño Johnny Walker, que estaban protagonizando un combate para el olvido. "This is bullshit", sonó más de una vez desde todos los rincones del estadio.

Al que no le reprocharon la actitud fue al argentino Francisco Prado, quien inauguró la velada con una pelea durísima contra el norteamericano Charles Radtke, y dejó un manchón de sangre que decoró el octágono -y todo el pecho de su rival- para las otras diez luchas restantes. Tampoco la pasó bien el otro compatriota, el salteño Esteban Ribovics, que cayó por sumisión contra el duro polaco Mateusz Gamrot.

Caída la medianoche, el Kaseya Center comenzó desarmarse y volver rápidamente a su escencia porque este domingo juega Miami Heat. Mientras tanto, la UFC comienza a planificar su próximo "Gran Circo" del año (UFC Freedom 250), que será ni más ni menos que el 14 de junio en la Casa Blanca, para celebrar el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Y que volverá a tener a Trump en primera fila.

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